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Columna: Un deber cotidiano que nos mantiene vivos: comer

Por Ale Panccini

Uno de los grandes desafíos actuales es transformar y revitalizar uno de los deberes cotidianos que nos mantiene vivos: comer. Este acto envuelve desde la decisión de cocinar, la recolección-compra de los ingredientes,  el tiempo dedicado a hacerlo y, sobre todo, el espacio que le dedicaré exclusivamente a comer de manera tranquila y sin distractores internos ni externos. Todo lo anterior suma una cadena que le da la valorización libre y franca a este deber,  sin sentir que es un peso impuesto, sino un acto amoroso y cotidiano bellísimo, del cual nos hacemos responsables, lejos de estereotipos y  pesados roles.

Tenemos muchas estadísticas, muchos índices de ésto o aquello;  investigaciones que avalan aquí o allá, pero a ciencia cierta las enfermedades relacionadas con la alimentación van en aumento. La obesidad es una manifestación visual del mal alimentarse, pero no necesariamente, significa que una persona de talle normal se esté alimentando mejor.  Transversalmente los alimentos ultraprocesados están presentes en nuestras vidas; ya no importan clase social ni ingresos. Basta ver a las cadenas de alimentos rápidos en todo el territorio nacional.  Deberemos priorizar hortalizas, frutas y verduras frescas, eliminar los alimentos ultraprocesados y bajar el consumo de carne; tres puntos destacados por Marion Nestlé, profesora en Nutrición, estudios de alimentos y salud pública en la Universidad de Nueva York, en el Congreso Futuro 2020.

MUNDOS SEPARADOS

Por lo demás, también influye la disposición anímica con que me relaciono y hago propio el alimento. Lo hacemos de manera distante: allá está la comida, aquí estoy yo; dos mundos separados por emociones, información, emotividad, gusto, cultura, influencia del medio, propaganda. Hay una gran desconexión, partiendo porque no sólo estamos mi plato y yo, sino que estará mi celular, la TV prendida, esa fea conversación que no tuvimos ayer y que la dejamos justo para ahora que estamos cenando. Entonces no logro conectar sabores, texturas y, sobre todo, sentir gratitud,  porque en estos tiempos debemos ser unos agradecidos de tener alimentos en nuestra mesa; basta con pensar en la gran población que no tiene accesos a ellos.

El alimento lo hacemos propio cuando comemos. De ahí la frase  “soy lo que como”, y por eso es de vital importancia encontrar alimentos dignos de nosotros y nosotros de ellos; alimentos que nos vitalicen, pero sobre todo necesitamos trabajar la voluntad para desarrollar los cambios necesarios.

Engrandecer el alimento nos guiará a buscar mejores opciones alimentarias, a estar pendiente de si estoy comiendo más de lo que debería o ver si tal vez mi prioridades no están bien enfocadas.  Dignificarse y trabajar voluntades es un gran desafío hoy por hoy. Querámonos, cuidémonos y abracémonos; merecemos mucho más que lo que hoy la industria alimentaria nos da, no busquemos afuera lo que tenemos a manos llenas en nuestra intimidad.

Haz tu propio pan

*  600 gr. harina integral
*  400 ml. agua
*  Una cucharadita de sal de mar
*  Una cucharada rasa levadura seca

Preparación:
En un bol mezclar todos los ingredientes secos y luego agregar el agua paulatinamente, hasta conseguir una masa más bien húmeda. Si le falta agua, agregar.

Luego, poner la mezcla en un molde pincelado. En su interior -con aceite- espolvorear un poco de harina para evitar que el pan se pegue. Dejar fermentar en un lugar temperado por aprox. 10 min, y luego poner al horno -precalentado- a 200º por 25 min. aprox. Dejar enfriar en una rejilla.

Duración: 4/5 días aprox.

 

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