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CRONICAS ENOLÓGICAS: Hernán Luis Errázuriz Ferrer Ingeniero Agrónomo Enólogo

Hablaré de un cepaje que está tomando importancia en Chile. Me refiero al Carignan, desconocido para el gran público.

Este cepaje fue desapareciendo por una serie de circunstancias de los viñedos chilenos, sobreviviendo en el secano del Maule, porque es un suelo seco, rústico, y allí la uva llega a madurar bien. Esto explica porqué no existe en otra zona del país, y porqué es un hecho único.

A pesar de ser una cepa nada fácil de entender, por su personalidad y su marcada acidez, los consumidores comenzaron a pedirla y los productores a ofrecerla con más fuerza. Y es que cuando un vino habla de su origen con tanta fuerza, con tanta nitidez, esa conexión parece natural, evidente, fluida. Pura expresión de lugar. Puro terroir. Uno irrepetible, por cierto, ya que su origen es el secano interior del Maule. Su cuna y su tumba, a pesar de que mundialmente la historia diga algo insospechado: fue, durante muchos años, la cepa tinta más plantada del mundo.

Eso, hasta que en los 90 fue arrancada de los viñedos del sur de Francia para reemplazarla por variedades más productivas y fáciles de vender. En nuestro país, por el contrario, toda la energía está en preservarla, en recuperar esta cepa dormida; el trabajo de un grupo de viñas grandes, medianas y pequeñas, todas  unidas con un solo y firme propósito: levantar la bandera del Carignan en el secano del Maule para así atraer hacia este rincón olvidado de Chile las miradas del mundo entero. El plan de acción  conlleva la creación de la primera Apelación de Origen Controlada de Chile. No sólo habrá límites geográficos que pongan las fronteras para llevar o no el nombre Carignan; también habrá restricción en la edad de las plantas, en la composición de la mezcla de sus vinos y en la guarda antes de salir al mercado.

Refiriéndonos al cepaje en sí, este presenta aromas florales, una boca fresca y a la vez amplia -de una textura liviana y un sabor exquisito- que le entregan protagonismo a su gran acidez, que aporta un bienvenido frescor. Neto, frutal y vibrante, este vino se integra elegantemente a la madera, transformándose en un ejemplar rico y amable. Debido a su arquitectura genética, de muchos taninos, acidez alta y pH bajo, se trata además de un tinto que soporta muy bien la guarda. Es más: no sólo la soporta bien, sino que evoluciona de manera pausada y sorprendente.

Se trata de una variedad excelente para acompañar una gastronomía de similares características. Por ejemplo, carnes de contenido graso, cabrito o cordero al palo, pato y ganso, además de embutidos ahumados. También preparaciones de conejo, liebre o quesos de pasta dura con varios meses de envejecimiento. Invito a disfrutar este vino salvaje que invadirá nuestro paladar de sensaciones.

Nos despedimos  con unos versos de “Sonetos del vino”, de Jorge Luis Borges: “Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia / como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.” SALUD.

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